Extrañas luciérnagas le zumbaban de pronto por su mente feliz. Aturdida, se dio cuenta de que le era impobile asirlas y estudiarlas, porque la felicidad es una cuestión fugaz, química, un destello del instante y no un estado de ánimo. Sabía muy bien que el Amor es el Diablo. Pero esta asunción se desvaneción en el momento en el que lo besó y el sentimiento adoptó nombre de pila. Rebautizada con su nombre, aquella extraña condición dejó de parecer amenazadora y terrible, y ella la acogió con los brazos abiertos, halagada hasta la sumisión por la oferta que imaginaba paladear en aquellos labios.
Fuera lo que fuera lo que aquel beso había disparado en su subconsciente, los límites entre lo real y lo imaginario, entre lo visible y lo invisible, desaparecieron, y ella empezó a flotar en una piscina de autosugestión y recibió aquel sueño con los brazos abiertos, haciendo el muerto, sin querer ver que acabaría, inevitablemente, hundiéndose.
Fuera lo que fuera lo que aquel beso había disparado en su subconsciente, los límites entre lo real y lo imaginario, entre lo visible y lo invisible, desaparecieron, y ella empezó a flotar en una piscina de autosugestión y recibió aquel sueño con los brazos abiertos, haciendo el muerto, sin querer ver que acabaría, inevitablemente, hundiéndose.
"Cuando uno está enamorado empieza por engañarse a sí mismo y acaba engañando a los demás"
*Me prometo a mí misma no volver a engañarme y, por ello, no volver a engañar a los demás. Y si puedo, intentaré enamorarme solo y exclusivamente de mí.