domingo, 5 de julio de 2009

"Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos...
Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura como siempre tan loca les propuso: vamos a jugar a las escondidas. La intriga levando la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: ¿A las escondidas, cómo es eso? Es un juego, explica la locura, en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y cuando yo haya terminando de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego.
El entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. La Verdad prefirió no esconderse, porque al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que la molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)...
Uno, dos, tres...empezó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza, como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para algunos de sus amigos: un lago cristalino para la Belleza; una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez; el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad."
El cuento sigue con las decisiones del Egoísmo, la Mentira, la Pasión, el Deseo y el Olvido. Finalmente, "un millón contó la Locura y comenzó a buscar y a encontrar uno tras otros. Pero sólo el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, encima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: -el Amor siempre tan cursi, seguro se escondió entre la rosas-.
Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas...cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la tierra a las escondidas...
el Amor es ciego...y la Locura siempre lo acompaña"

martes, 7 de abril de 2009

  • Si yo pudiera elegir cómo sentir a las personas de mi alrededor, elegiría enamorarme con toda intensidad de la que soy capaz.
  • Elegiría que, mientras esa pasión disminuye, debajo de ella creciera el sentimiento.
  • Elegiría que ni yo ni el otro nos asustáramos de la desaparición de la pasión y que supiésemos enfrentarnos con el cambio de intensidad por profundidad.
  • Elegiría que ese sentimiento fuera amor y no sólo querer.
  • Y, finalmente, elegiría que se diera la posibilidad de re-enamorarme, de vez en cuando, de la persona que amo.
En un momento soy yo, conmigo;
apareces tú...
Me relaciono, me comunico
te toco te escucho, te huelo...

Somos dos.
Me acerco más, te siento, me fundo...
Somos uno sin dejar de ser dos,
somos tres,
los tres vibrando en el mismo nivel...

Y cuando somos tres, entonces...
Mis manos y las tuyas son mis manos,
y mis dos bocas,
y mi pene y mi vagina,
y mi barba y mis senos;
y mi orgasmo... Mi triple orgasmo...
El tuyo, el mío, el nuestro.

Es hermoso,
muy hermoso,
hacer el amor contigo.


leo y releo

[...]Conozco otra forma de no aceptación, vulgarmente conocida como idealización.

En verdad, si te idealizo es precisamente porque no te acepto. Si te aceptase, no necesitaría idealizarte.

No quiero que cambies. No para mí. Quiero aceptarte como eres, aun cuando éste sea el camino que nos separe.

Prefiero que te alejes de mí por ser como soy a que permanezcas conmigo para cambiarme.

De todas maneras, si puedo elegir, elijo que me aceptes para quedarte; elijo aceptarte y tenerte cerca, tan cerca como ahora [...]

lunes, 30 de marzo de 2009

me gustan tus manos frías...



Cierro los ojos

y vuelo...

Aparezco donde tú estás.

Te veo.

Me acerco.

Te recorro con mi mirada.

Más cerca.

Te acaricio.

Siento tu piel.

Tus manos frías (hoy están frías).

Te huelo.

Mis labios rozan tu frente.

Y tú ni te das cuenta.

O quizá sí.

Quizás en este momento

estás pensando en mí

sin saber por qué.




domingo, 29 de marzo de 2009

y sigo pensando que me mira allá donde esté...

Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual queremos vivir.

-La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público.

-La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, a las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas.

-La tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad.

-Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Son los soñadores.